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Etiqueta indicativa de pertenencia a la biblioteca circulante Cawthorn & Hutt. Cada biblioteca circulante marcaba los libros con etiquetas de este tipo en colores diferentes.

 

Sartor resartus (1831); Lectures on heroes (1840) by Thomas Carlyle. London: Chapman and Hall, 193 piccadilly, 1858.

391 p., in 4º. Encuadernación en tela con grabados.Doble tejuelo en letras doradas, con título y editor.

Exlibris de Henry Birkbeck

 

 

 

 

 

Localización de la Cawthorn & Hutt circulating library. Fuente: Dictionary of Victorian London.

Las bibliotecas circulantes fueron las antecesoras o precursoras de las bibliotecas
públicas aunque no con el cariz social de las bibliotecas públicas actuales, tal y como veremos a continuación.

Estas bibliotecas nacieron en el siglo XVIII y algunas  permanecieron hasta entrado el siglo XX. Anteriormente las bibliotecas estuvieron vinculadas al clero pero  el proceso de desfeudalización, la revolución industrial y los cambios políticos, económicos y sociales,  supusieron la aparición de estas bibliotecas aunque con un cariz netamente comercial. En este sentido los dueños de estas bibliotecas eran libreros, editores o comerciantes y no necesariamente bibliotecarios.

Esto se puede entender porque el cambio económico supuso la aparición del liberalismo económico como sistema para regular la economía (Laissez faire, laissez passer).

Las bibliotecas circulantes consistían en el alquiler de libros a cambio de una suscripción anual o el pago de una tasa por libro y tiempo de préstamo.

No obstante y siguiendo a Felipe Meneses Tello en su interesante artículo Bibliotecas y división de clases: las bibliotecas cuasi públicas en el sistema burgués británico durante los siglos XVIII-XIX, normalmente se engloba dentro de las bibliotecas circulantes también a las bibliotecas de suscripción aunque el carácter y el público a quien estaban dirigidas era diferente.

Bajo el nombre de circulanting libraries se encuadran, por tanto, los siguientes tipos:

  1. Las bibliotecas privadas de suscripción.
  2. Bibliotecas circulantes comerciales.

La diferencia entre unas formas y otras radica principalmente en su organización, fondos y destinatarios.

Las bibliotecas privadas de suscripción (subscription libraries societes) pertenecían a los miembros asociados que pagaban una suscripción, con un comité de consejeros elegidos por y entre sus miembros. Los miembros eran burgueses, una minoría selecta de la sociedad, clase media acomodada con hábitos de lectura avanzados, cuyas colecciones estaban formadas por obras de filosofía, derecho, historia, medicina etc.

Por otra parte estaban las bibliotecas circulantes (las primeras se establecieron en Inglaterra en 1740*), que tenían como objetivo la búsqueda de ganancia, fines lucrativos, esto es, la búsqueda de clientes más de que lectores. Las colecciones básicamente estaban formadas por libros de ficción, novelas baratas vinculadas al ocio y al entretenimiento más que al desarrollo cultural.

Tal y como indica Felipe Meneses Tello, la división de clases estaba claramente marcada en estos dos tipos de bibliotecas. Así los conservadores burgueses menospreciaban las bibliotecas circulantes a las que tachaban de fomentar el vicio entre las clases desfavorecidas.

En las bibliotecas circulantes se pagaba una suscripción (anual, trimestral, mensual o semanal) por el derecho de uso  de la biblioteca y por el alquiler de libros, cantidad que variaba según el número de libros alquilados y el tiempo de préstamo, lo que facilitó que los lectores se pudieran ajustar a sus posibilidades.  Al igual que en las bibliotecas actuales se sancionaba el retraso en la devolución de los libros.

No obstante y a pesar del carácter lucrativo de las bibliotecas circulantes, no cabe duda de que sirvieron a los intereses de lectura de las clases no privilegiadas y que contribuyeron a la expasión de la literatura, por ejemplo, fueron las precursoras de las primeras publicaciones de novela gótica a finales del siglo XVIII, al igual que las promotoras de las publicaciones en tres volúmenes, una forma de aumentar los ingresos al poder cobrar por cada volumen a una persona que quisiera leer la obra completa.

Noticia en el periódico escocés Scotman, miércoles 16 de octubre de 1844. Fuente: The British Newspaper Archive

Las circulating libraries se extendieron por todo el país existiendo hasta en los pueblos más pequeños, en muchos casos en situación de franquicias.

Hay que destacar que este tipo de bibliotecas facilitaron el acceso a la lectura de las mujeres principalmente de escasos recursos. Hay que tener en cuenta que la sociedad machista de la época no incluía a la mujer como sujetos lectores de cultura lectora.

En 1850 con la Ley de Bibliotecas Públicas aprobada por el parlamento, la gratuidad de las bibliotecas y el abaratamiento de los libros (libros de bolsillo), poco a poco las bibliotecas circulantes fueron decayendo hasta su total desaparición a principios del siglo XX.

Mudie’s Circulating Library

 

 

Las dos circulating libraries más famosas fueron Mudie’s Select Library (1842-1937) y WH Smith and Son (1860-1961).

 

Las bibliotecas circulantes inglesas no deben confundirse con las homónimas creadas en España en 1912, y que más tarde fueron impulsadas dentro del proyecto educativo de las Misiones Pedagógicas de la II República, cuyo objetivo era aumentar el nivel cultural de los habitantes.

Real Decreto que aprobaba las bibliotecas circulantes en España, publicado en la Gaceta de Madrid, nº 329, 24 de noviembre de 1912, p. 511.

Notas:

*Beltrán Torres, Francisco. El libro y la imprentas: con máximos, aforismos, noticias y disertaciones…Madrid: Maxtor, 2009, p. 60.

Bibliografía:

 

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